Pierre ASTIER [fr]

Pierre ASTIER nació en 1956 en Argelia. Es un agente literario, editor, periodista y escritor. Experto en las políticas culturales.

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Fundador en 1988 de la revista literaria « Le Serpent à Plumes » (La Serpiente de Plumas), la cual se transformará en una editorial en 1993. En 2006, crea con Laure Pécher la agencia literaria Pierre Astier & Associés. Esta agencia literaria se encarga de representar a autores y editoriales franceses y extranjeros; Tiene también a su cargo la gestión y venta de los derechos de autor y de los derechos audiovisuales.

Desde el año 2007, es Director de la colección de novelas cortas “Miniatures” (Miniaturas) de la Editorial Magellan, la cual publica una selección de obras de varios países (Islas Mauricio, Argelia, Turquía, Sudan, México, Mali, Serbia, Senegal, Israel, Camerún, Líbano, Argentina, Guadalupe…).

Tiene a su cargo la dirección editorial y la concepción de cinco colecciones del Editorial La Serpiente de Plumas: Ficción francesa, Ficción extranjera, colección obras de bolsillo« Motifs », colección Músicas, colección Ensayos y Documentos).

Desde 2006, Pierre Astier se ha dedicado a la enseñanza y a la formación a los oficios vinculados con la industria editorial tanto en Francia como en el extranjero (BIEF, INFL, EMI-CFD, Villetaneuse-Paris XIII, Sorbonne Paris IV).

Entre otras actividades desempeñadas hasta 1992, cabe resaltar que ha trabajado en la coordinación de exhibiciones ante el Centro Georges Pompidou y ante el Palazzo Grassi (Venecia). Fue asimismo asistente de exposición en la Galeria Karl Flinker (Paris).

“¡Mundialicemos la edición francesa!”


(extracto del artículo de P. Astier y L. Pecher
publicado en el diario Le Monde, 21/03/2014)

En el mundo se hablan 6000 idiomas. Pocos países poseen un mercado del libro. La zona lingüística de habla francesa es, en la actualidad, en términos de locutores, la quinta en el mundo. (…) Esto implica responsabilidades en términos de transmisión de saberes.

¿Cómo están conformados los mercados del libro en las cuatro zonas lingüísticas postcoloniales (el inglés, el español, el francés y el portugués)? ¿Cómo evolucionan éstas en la era del Internet, de la aceleración de los intercambios, de la circulación del escrito y de las ideas, de las personas y de las relaciones culturales y comerciales entre las antiguas potencias coloniales y los países previamente colonizados? Las situaciones son muy diversas de una zona lingüística a otra.

El mercado del libro anglófono, en el mercadeo sin ningún miramiento, es el más desarrollado. Lideriza el mercado en términos de profesionalismo, de innovación y de creación de marcadas tendencias. El mercado hispanófono es muy dinámico dada la mejora del nivel de vida en América Latina y la implementación de políticas públicas destinadas al libro y a la lectura.(…)

UNA DESCENTRALIZACION A FAVOR DE TODOS

Estas filiales funcionan hoy en día como entidades locales, autónomas tanto en el plano editorial como en el comercial. (…)

Este fuerte arraigo local estimuló estos mercados del libro emergentes, provocando un crecimiento muy considerable de la oferta editorial y suscitando asimismo, como una suerte de reacción, el surgimiento de grupos nacionales y la multiplicación de estructuras independientes muy innovadoras (Seagull Books en India, Sexto Piso en México, Cosac Naify en Brasil por ejemplo) que se erigen como modelos a seguir. En regla general, contrariamente a las ideas preconcebidas, la coexistencia de los grupos con los independientes favoreció la “bibliodiversidad”.

La deslocalización del comercio del libro fuera de sus grandes centros históricos no se llevó a cabo en detrimento de algunos sino en beneficio de todos, inclusive de los propios autores, más presentes así en el conjunto de los mercados. En lugar de exportar libros desde Europa, se exportan los derechos de publicación desde cualquier centro europeo, asiático, sudamericano, etc.

El mercado de los derechos se ha internacionalizado, descentralizado, acelerado, profesionalizado y, hoy en día es bien sabido, que no puede existir un mercado dinámico del libro sin su correspondiente mercado dinámico de los derechos.
Una vez más, los anglosajones se encontraban mejor preparados; pues ahora tenemos ya décadas que éstos han tejido una red de agentes y subagentes particularmente eficaces y presentes en el mundo entero. Los hispanófonos los han imitado. El mercado francófono, históricamente muy profesional y creativo, continúa estando muy centralizado en París, cuando éste contará, según las previsiones demográficas, unos 700 millones de locutores a mediados del siglo XXI. Se anuncia entonces una explosión de la demanda, si bien la oferta no será suficiente.

PRECIOS NO ADAPTADOS A LAS REALIDADES ECONOMICAS NACIONALES

Extrañamente, las editoriales francesas han invertido poco en el área francófona como si ésta no debiese desarrollarse jamás. El mercado del libro francófono se encuentra muy dividido, muy “al estilo antiguo”. Los grandes grupos franceses continuaron exportando sus libros, pero olvidando transferir su savoir-faire. *
Ningún grupo, ninguna de las grandes editoriales francesas (Gallimard, Grasset, Le Seuil, Albin Michel, etc.) se encuentra presente en el área francófona en condición de entidad editorial autónoma, salvo algunas excepciones: Hachette, Bayard Jeunesse Canadá o Flammarion Québec (ver a continuación).

La circulación de los libros continúa entonces siendo efectuada en sentido único, desde Francia hacia Suiza, Bélgica y Canadá; desde la época de antigua potencia colonial, desde Francia hacia sus antiguas colonias de África, del Caribe y del Océano Indico. Siendo más inquietante aún que las grandes figuras de la literatura francófona fueron a su vez aspiradas por ese centro. Se importan así los talentos, se exportan los libros, pero no se exportan ni las denominaciones ni los derechos. ¿Por qué?

¿Por qué un grupo como Hachette que se implantó en América del Sur, en India (Hachette Latinoamerica y Hachette India), en China, en Rusia no lo hizo así en el área francófona? Hachette libro internacional se encuentra ciertamente presente en África pero más que nada como una simple plataforma de difusión. Y, cuando Gallimard creó (en 2014) una editorial en Québec, lo hizo allí bajo otro nombre, como si los grandes nombres parisinos debieran ser exclusivos de Paris.

Idem en lo que respecta a los creadores. Los autores publicados por las grandes editoriales parisinas no pueden ser publicados sino por éstas. La venta de los derechos de autor en lengua francesa en el seno del espacio francófono es aún más difícil. Resultado: si los autores francófonos suizos, belgas, quebequenses, africanos, norafricanos, antillanos, originarios del medio oriente o del océano Indico se encuentran disponibles en el área francófona es única y exclusivamente gracias a su paso obligado por París.

Dicho de otra manera, si éstos están disponibles en su propio país, esto ocurrirá más bien en las bibliotecas puesto que los precios de venta al público no se adaptan en absoluto a las realidades económicas nacionales. En cuanto a los demás autores, no menos talentosos, aquellos que son publicados en sus respectivos países, éstos deben contentarse con el mercado local.

INDIFERENCIA DE LOS MEDIOS DEL HEXAGONO

No puede uno sino maravillarse del trabajo efectuado por las pequeñas editoriales independientes como Elyzad o Ceres, Barzakh o Chihab (en Argelia), Editions d’En-bas o Bernard Campiche (en Suiza), Ecosociété, Lux o XYZ (en Canadá), Jeunes Malgaches (en Madagascar), Luce Wilquin o Maelström (en Bélgica), Le Fennec o Tarik (en Marruecos), Dar Al-Farabi (en Líbano), Donniya o Jamana (en Mali), les Presses universitaires d’Afrique o Ifrikya (en Camerún), las NEA (en Senegal), las NEI (en Costa de Marfil), etc. las cuales no sólo se han desarrollado en sus respectivos países sino que para existir no cuentan con París.

Los medios del hexágono permanecen básicamente indiferentes a esta producción francófona la que es más conocida que en París del otro lado del Atlántico, en Nueva York o Boston; los premios literarios parisinos también desconocen esta producción, de no ser por algunas excepciones tales como la Editorial Zoé (Suiza) que ese halla presente en algunas listas en los últimos años por lo que los libreros franceses ignoran casi siempre su existencia.

Este es un hecho que nadie saca nunca a la luz, preocupante para el espíritu abierto de las élites y de los responsables de la toma de decisiones en este sector tan portador de cultura como lo es el libro, y preocupante para las estrategias de los grupos editoriales. ¿Estos en su condición de promotores de la escritura y del pensamiento en un idioma, la lengua francesa, habrán quizás renunciado a su primera misión, a saber, la de propagar el saber y brindar educación al mayor número de personas? ¿Cuáles serán al final las consecuencias de la falta de implicación de las editoriales francesas en este vasto mercado, el cual podría entonces escapárseles?

TODO ESTA POR HACERSE

Numerosos son los países, muy particularmente en África, que pueden pasar de una ausencia de mercado estructurado del libro a un mercado virtual totalmente entregado en las manos de los actualmente gigantes del Internet. Los autores africanos y antillanos, quienes residen con frecuencia más en Los Estados Unidos o Canadá que en Francia, y que en lo sucesivo buscan cada vez más confiar la gestión de sus derechos a los agentes literarios en África del Sur, en España o en Los Estados Unidos. Es entonces de temer que los grandes nombres de las editoriales francesas sean así marginalizados en un mercado de lengua francesa que habrá aprendido a pasar de ellos.

En términos de intercambio, de relaciones comerciales equitables y respetuosas, de formación, de pedagogía del “trabajo conjunto”, lo cual necesita todo el mundo, particularmente en el mercado francófono todo está todavía por hacerse. El mercado del libro francófono se presenta como un gran espacio de creación, una gran reserva de lectores, hasta los momentos, muy poco trabajado.

Es entonces de carácter urgente derrumbar las viejas mentalidades. Ya que presenciamos un incremento de los intercambios, ya que ha igualmente crecido la formación de unos hacia otros (¿cuántos hindús han efectuado largas pasantías en las editoriales inglesas, cuántos nigerianos se han formado en los Estados Unidos, cuántos argentinos han efectuado su aprendizaje en Barcelona?), pues en las áreas anglófona e hispanófona el comercio de los derechos se encuentra descentralizado. ¿El mercado francés permanece por su parte demasiado preocupado por su centro para poder perfilar el futuro?

Le Monde, 21/03/2014

Modificado el 28/10/2016

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