Museo del Quai Branly

Nace en París el museo Quai de Branly

Un nuevo museo es siempre “un” acontecimiento. Sin embargo, cuando se trata del mítico “Museo del Quai Branly”, que reunirá en pleno centro de París las obras más prestigiosas del arte y la civilización de África, Asia, Oceanía y las Américas, es “el” acontecimiento.
No sólo museográfico, sino también histórico, ya que estas “lejanas” culturas no occidentales, largo tiempo desconocidas, menospreciadas o reducidas a “curiosidades”, dispondrán de un vasto espacio en el que podrá afirmarse “la importancia de su profundidad y su sutilidad”, en un diálogo permanente entre el hombre y la cultura.
Se trata además de un evento arquitectónico, con la construcción por Jean Nouvel de un espectacular conjunto de edificios de 40.000 metros cuadrados, llamado a convertirse en “un museo en un bosque”, de árboles y verdor.

Definido como “el museo de la mirada sobre los demás”, el museo Quai de Branly nació de la voluntad del presidente Jacques Chirac de “devolver todo su espacio a las artes y a las civilizaciones durante demasiado tiempo desconocidas”, con la esperanza de verlo convertirse en “un instrumento de paz que de prueba de la idéntica dignidad de las culturas y de los hombres”.

La primera etapa de esta empresa fue la apertura en abril de 2000 en el museo del Louvre, hasta entonces “templo” del arte occidental, de una sección dedicada a las artes de África, Asia, Oceanía y las Américas. En ella se reunieron 120 obras excepcionales elegidas por Jacques Kerchache, ferviente especialista de las artes primitivas, convencido al igual que el presidente de la República, de que “no hay jerarquía en las artes” ni en las culturas. El autor de un manifiesto titulado “para que las obras de arte de todo el mundo nazcan libres e iguales” en 1990, murió en 2001, cinco años antes de la apertura del museo, prevista en la primavera de 2006, y cuya sala de lectura llevará su nombre.

Todavía rodeado de misterio, el museo imaginado por el arquitecto Jean Nouvel como “un edificio que sea la casa de los diferentes artes más que de la arquitectura occidental, sumergido en el paisaje de forma que haya que descubrirlo”, surgió de la nada en la orilla del río Sena, al pie de la Torre Eiffel, en los 25.000 metros cuadrados del gran terreno todavía constructible alrededor de París.
El edificio principal, que albergará las colecciones reunidas del Laboratorio de etnología del museo del hombre y del antiguo museo de Artes de África y de Oceanía (300.000 objetos), se presenta como una especie de larga pasarela levantada sobre pilotes, por encima de un jardín de 18.000 metros cuadrados y escondida por los 180 árboles de más de 15 metros de altura que lo pueblan.
Una rampa de acceso conduce al la “zona de colecciones de referencia”, el corazón del museo (6.500 metros cuadrados), donde se expondrán permanentemente 3.500 objetos, acompañados de presentaciones temáticas. Asimismo se han previsto 2.000 metros cuadrados para acoger las exposiciones temporales, unas diez cada año.
A ello se añade un auditorio de 500 plazas que se abre a un teatro de verdor, una sala de cine de 120 plazas, una mediateca de estudio y de investigación de 180 plazas con 250.000 obras en consulta, 25.000 de libre acceso, los últimos medios multimedia y un restaurante panorámico.

El museo ha sido creado como una institución cultural de nuevo talante, con un doble objetivo: la preservación y la presentación de colecciones, desarrollo de la investigación y de la enseñanza. Se ha previsto una programación regular de espectáculos en vivo (artes de la escena, teatro, danza, música) relacionadas con las exposiciones presentadas, contribuyendo así a convertir este lugar en una “ciudad cultural” de las artes no occidentales, en un lugar privilegiado de encuentros e intercambios culturales, humanos y de civilizaciones.

En paralelo a la construcción de edificios se ha llevado a cabo una campaña de conservación preventiva de tres años de duración sin precedentes en la historia de las colecciones públicas francesas para descontaminar, limpiar, restaurar, identificar, clasificar y fotografiar cada uno de los 300.000 objetos trasladados al Quai Branly, desde el más humilde utensilio de la vida cotidiana hasta la más suntuosas esculturas, joyas o armas. Todos estarán accesibles por internet.

Un guardia inusual esperaba a las piezas durante la instalación del museo: un enorme megalito de piedra volcánica roja en forma de lira procedente de Senegal, que había hecho guardia durante cuarenta años delante del MAAO. Con sus 2,40 metros de altura, 1,60 metros de ancho y su peso de cerca de seis toneladas, nunca habría podido pasar el umbral de la puerta o de la ventana del edificio ya terminado, de modo que fue necesario bajarla con una grúa, antes de su instalación en el ático del inmueble. Este monumento dará entrada al departamento de Artes africanos, donde una obra maestra del arte Dogon de Mali le disputará el estrellato: una magnífica estatua de madera de Djenné (del siglo XI al siglo XII), que la empresa Axa ha cedido al museo.

Numerosas donaciones y algunas adquisiciones nuevas se han añadido a los objetos trasladados, como una colección de ornamentos y de joyas étnicas de Insulinde, única en el mundo por su dimensión y su calidad, donación de una pareja de coleccionistas suizos apasionados, Monique y Jean-Paul Barbier-Mueller, ellos mismos responsables de un museo.
La creación contemporánea también está presente: ocho artistas aborígenes de Australia han sido invitados a pintar la fachada y los techos de uno de los edificios del museo, perpetuando así la herencia espiritual de un arte milenario de pintura rupestre o sobre corcho que evoca “el tiempo del sueño”, el origen del mundo.

Entre las curiosidades que no dejarán indiferentes a los visitantes figura la pared vegetal más grande del mundo,
donde 15.000 plantas han crecido en un soporte vertical privado de sol, y que servirá para resguardar los objetos expuestos, así como un silo de vidrio de 16 metros de diámetro para los 9000 instrumentos de música de las colecciones.

El museo Quai Branly también se ha lanzado en una cooperación internacional con la financiación de la restauración en Lima de excepcionales tapices funerarios bordados de la civilización Paracas de Perú, los “mantos”, de 2.000 años de antigüedad que rodeaban las momias reales.

Modificado el 24/05/2006

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