Discurso del Embajador de Francia, Romain Nadal, en la Premiación del rotary Club (7.03.2020)

Discurso del Embajador de Francia, Romain Nadal, en la Premiación del rotary Club (7.03.2020)

Por qué razón decidí ser diplomático?

Porque entre todas las administraciones públicas, la diplomacia es sin duda aquella que lleva la carga más pesada – pero también el honor – de encarnar la perennidad del Estado y la continuidad de nuestra identidad nacional a los ojos del mundo.

En el centro de mi compromiso está el gusto por tejer lazos de confianza con las sociedades civiles de los países en los cuales trabajo, tal como es el caso aquí en Venezuela donde casi voy a cumplir 3 años. No siempre es fácil o sencillo crear un vínculo directo con la población y luego desarrollarlo, a veces contra vientos y marea. Aquí en Venezuela, fui maravillosamente bien acogido por la sociedad venezolana. Desde hace tres años me siento como en familia en todos los sectores de la sociedad y en todo el país que visito a cada vez que puedo.

Por otra parte, otorgo una gran importancia a la promoción de cierta idea de la cultura y, dentro de las nuevas peleas de la influencia, al hacer de nuestro modelo humanista una mano tendida en dirección de las sociedades civiles y de sus juventudes.

Dentro de las misiones que me han sido confiadas, también está ayudar a los Franceses que se encuentran en situaciones difíciles, acompañar las empresas en la gran aventura de la exportación, promover las destinaciones turísticas francesas así como la atractividad de Francia y la de su sistema educativo y universitario. Este es el cotidiano de una embajada y sólo estoy hablando de los días cuando todo transcurre con calma… Esto es lo que nos autoriza a reivindicar el título de servicio público de los franceses en el extranjero y a encontrar, cada día, en la certeza que ellos cuentan por nosotros y que somos útiles para ellos, la fuerza de enfrentar todas las tempestades que se presenten.

Lo que los Franceses esperan de nosotros es que, además de esta capacidad que tenemos de pensar el mundo, conservemos una verdadera capacidad de tratar de transformarlo. En un mundo en pleno cambio y agitación continua como es el de hoy, creo que esto supone no dudar a la hora de trastornar algunas costumbres para inventar, bajo la autoridad del presidente de la República, la diplomacia mejor adaptada al momento en que vivimos. Esta diplomacia del siglo XXI, es primero una diplomacia ágil y reactiva.

2019 nos ha visto multiplicar las iniciativas frente a las crisis. Para garantizar nuestra seguridad, para prevenir la escalada, para restaurar espacios de negociación a cada vez que es necesario.

El conocimiento de la historia enriquece al diplomático. Si bien es cierto que la historia jamás se repite, ella siempre se acuerda. Se acuerda que la democracia sigue siendo un logro frágil, que muchas veces ganar la paz resulta más difícil que ganar batallas, que el poder es efímero y vano sin la legitimidad. Conocer el pasado, a sus hombres, sus ideales, a sus civilizaciones y sus conflictos confiere al diplomático a la vez una visión y una profundidad, un arraigo y una distancia más que nunca necesarios.

En un momento en que la urgencia del cotidiano no para de enturbiar las perspectivas, importa más que nunca pensar nuestra acción, hacer el esfuerzo intelectual requerido para volver a situar nuestra actividad diplomática dentro del crisol histórico, es decir, ahí mismo donde se moldean nuestras tradiciones y nuestro temperamento nacional. Nuestro pasado está repleto de riqueza. No existe una sola situación, una negociación, una visita que no sea la oportunidad de rememorar la trama ancestral sobre la que construimos nuestra política exterior.

Esta política de apertura prolonga la voluntad de movimiento que hoy exige nuestro mundo. Es haciéndonos conocer mejor que lograremos que se aprecie más y más lo que continuamente anima la diplomacia: el gusto por la curiosidad, el intercambio y el compartir. Debemos actuar por una globalización más humana, más controlada, más regulada ; una globalización que implica el reconocimiento de la personalidad propia, de la identidad de cada país.

Esto es lo que está en juego hoy en día. De qué manera podremos sacar partido de lo que hay de positivo y de creador en los inmensos mecanismos que globalizan y mondializan, que abren, que desregulan ? La globalización es una desregulación, y es por eso que es difícil regular la desregulación. Cómo podremos atravesar esto preservando une identidad profunda, una riqueza cultural ?

Enfrentamos desafíos inmediatos. En un mundo en plena transformación que exige una adaptación permanente de nuestra política exterior, claro está que la profesión de diplomático también debe cambiar. A partir de ahora y cada día, nuestro modo de funcionamiento debe integrar tres imperativos :

- Primero, el principio de verdad. En el centro de nuestra profesión se encuentra la información y su comprensión. Permanentemente, debemos procesar los datos del mundo con lucidez. Un diplomático no debe mentir ni mentirse a sí-mismo: vayamos hasta el final de los análisis, ahondemos los temas, definamos nuevos puntos de referencia.

- Segundo imperativo : el concepto de urgencia. En nuestro mundo, un tiempo de retraso compromete toda cita. Sin nunca sacrificar la reflexión, a veces toca saber sacar partido de la velocidad, porque es ella la que ahora rige nuestro mundo.

- Tercer imperativo: la primacía de la acción. Nuestro mundo es explosivo: no debemos mantener los problemas bajo control, sino resolverlos. No debemos considerar la posibilidad de, sino ponernos a construir, proponer, mobilizar. Actuar es enfrentar las crisis y encontrar soluciones. Es también adaptarse a las nuevas dimensiones de la mundialización : entre nuevas oportunidades por un lado y nuevos desafíos por el otro, las reglas van cambiando. Nuestra reflexión estratégica se encuentra necesariamente en plena evolución, hoy más que nunca.

Este es precisamente el papel de la diplomacia: guiar cada país en medio de todas estas transformaciones.

Muchas gracias.
Romain Nadal
Embajador de Francia en Venezuela

Modificado el 09/03/2020

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